No
cabe duda que aquellos momentos placenteros de la vida suceden cuando menos lo
esperas, y curiosamente cuando vas por ahí buscándolos no aparecen enseguida.
Estando
en la playa de Celestum me sucedió algo que nunca me había pasado. Me tocó ver
la luna llena fundirse en el mar, sumada una sensación extraña de que todo lo
que miraba era como un sueño.
Esa
sensación cuando despiertas en un lugar que no es tu casa pero después de unos segundos caes a
la cuenta de que estas durmiendo en otro lugar. Otra sensación de despertarte y
no saber cuántas horas has dormido y si tienes que ir a la escuela o a trabajar
en ese momento. La otra sensación de despertarte y no saber si está amaneciendo
o atardeciendo. Estas tres sensaciones las tuve a la vez esa misma noche cuando
desperté de mi casa de acampar como a las 3 a.m., no era capaz de descifrar que
horario era, ni en donde estaba y cuantas horas había dormido, encima salgo de
la casa de acampar y lo que veo es una luna llena gigantesca en el horizonte
coloreando todo el mar de un anaranjado intenso, cosa que solo había visto en
las películas de fantasía, en ese momento me quedé sin palabras.
Cuando
me dispuse a caminar hacia el mar ya estaba cayendo a la cuenta donde estaba,
que hacia ahí y que horario era aproximadamente pero aun no entendía el esplendoroso
panorama que veía en el horizonte. Como la casa de acampar estaba a unos metros
del quieto mar fui hasta allá y en cuanto mis pies tocaron las olas ahí me quede parado con los brazos cruzados
simplemente viendo, contemplando la luna llena, sus cráteres, y como las olas a
su vez iban cambiando de colores anaranjados a rojizos vivos, solo esperaba que
saltase un delfín para ver su silueta en la luna pero ya con la luna, el mar,
la noche y las estrellas que más podía yo pedir.
Recuerdo
que esa noche cuando estaba instalando la casa de campar a lo lejos se
escuchaba las olas del mar y unos perros ladrando a no sé qué cosa, una vez
armada y durmiendo en ella se me vino una frase de mis adentros que decía algo
así:
“Las olas del mar y
el ladrido de los perros de fondo son una combinación perfecta para arrullar a
un trotamundos que ha andado largas distancias de día y ha conocido mucho de
noche… sin ni siquiera moverse de una silla”.
Esa
tarde me había quedado sentado en una silla observando por un momento lo que la
gente de ese pueblo hacía en la costa, o más que hacían lo que no hacían, y
aprendí muchas cosas aquella vez, sumada la experiencia que viví aquella
madrugada, Celestum siempre será un lugar para recordar y visitar nuevamente,
sin querer buscar las mismas sensaciones.
A
la mañana siguiente saque mi cámara y tome la foto donde dormí aquella noche, para
llevarme un recuerdo de aquel lugar, pues tanto me dejo.
-
Muchas
veces estamos acostumbrados a lo cotidiano que nos olvidamos que existen lugares
tan chingones que nos llevan a otro tipo de ambiente, y ese ambiente nos lleva
a vivir otro tipo de experiencia, y esa experiencia nos lleva a desaprender, a
vaciarte del “tengo que”, “debo que”, “necesito”, “quiero”, a despojarnos de esa
idea errónea de “entre más conozco más valgo” y empezar a llenarnos más de eso
que todos tenemos miedo... a lo desconocido.
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